El crecimiento del bosque nativo no existe

Desde el gobierno y el sector forestal se sostiene, como un logro de la política oficial, que el bosque nativo ha aumentado, pero varias investigaciones científicas lo desmienten.

Víctor L. Bacchetta, en Sudestada 5/4/2021.

La situación en que se encuentra el bosque nativo en Uruguay fue uno de los temas que animó el debate entre los académicos presentes en la mesa redonda organizada por el Movimiento por un Uruguay Sustentable (Movus), el pasado 2 de marzo. El objetivo del debate era hacer un balance de los impactos ambientales de la forestación y de la aplicación de la normativa vigente con vistas a su posible modificación.

“Prohíbese la corta y cualquier operación que atente contra la supervivencia del monte indígena”, estableció el artículo 24 de la Ley Forestal N° 15.939 sancionada en 1987. “No es simplemente un conjunto de árboles y arbustos – explicaba el técnico forestal Ricardo Carrere –, sino un sistema complejo donde una infinidad de seres vivos interactúan entre sí y con un medio físico con determinadas características”.

“Este sistema es el resultado de millones de años de evolución y de la adaptación de todas esas especies en un sistema del que todas se benefician”, agregaba Carrere. El bosque nativo es así un “ecosistema” que no sólo beneficia a los seres que lo forman sino que contribuye a la sustentabilidad del entorno al proporcionar bienes y servicios vitales tales como la conservación de las cuencas hídricas, entre otros.

“Cuando hablamos de ley forestal hablamos de la protección del bosque nativo. Uruguay es uno de los tres países (en América Latina) que aumentó la superficie del bosque nativo. Aumentó el bosque nativo y aumentó también la calidad del bosque nativo”, afirmó durante la mesa redonda Gustavo Daniluk, ingeniero agrónomo forestal y docente de la Facultad de Agronomía, con lo cual desató la polémica.

“El bosque nativo se ha densificado, si, porque llueve más, pero se ha perdido una enorme cantidad de bosque nativo. Lo que ocurre es que, a medida que se van haciendo declaraciones de montes, va incrementándose el área. No hay ninguna prueba fehaciente, científica, que así lo diga”, objetó Daniel Panario, director del Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias.

“¿Decir que no es cierto que el bosque nativo haya crecido? Eso está medido, está actualizado, los datos están y en todas las publicaciones científicas está que el bosque nativo aumentó», replicó Daniluk.

Entonces le respondió Marcel Achkar, docente y coordinador del Laboratorio de Desarrollo Sustentable y Gestión Ambiental del Territorio de la Facultad de Ciencias, también presente en la mesa redonda:

“Tuve varias discusiones con la Dirección Forestal y finalmente llegamos a la conclusión de que lo que está pasando en el país es de que hay un aumento de la notificación de los dueños de los campos de las áreas de bosque nativo”. La notificación de las áreas de bosque nativo no es obligatoria pero, en determinadas situaciones, hacerlo permite descontar algunos impuestos.

Daniluk mantuvo su posición diciendo que él se guía por las estadísticas oficiales. “No encontré a ningún investigador que me haya presentado que el monte nativo creció en tal lugar (…) No, lo tiran al boleo, el monte nativo crece. ¿Dónde crece? En todos los estudios que he hecho, estudios concretos, apoyados en terreno con imágenes satelitales, el monte nativo disminuye”, reafirmó a su vez Achkar.

La postura de la autoridad forestal

Notoriamente, los datos y las declaraciones de la Dirección General Forestal (DGF) han contribuido a instalar la idea de que el área del bosque nativo creció en los últimos años y presentarlo como un logro, un resultado positivo de la aplicación de la ley forestal de 1987. Sin embargo, dentro del mismo Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) han comenzado a aparecer estudios que lo desmienten.

“Uruguay es uno de los pocos países donde se incrementó el área de bosques nativos”, declaraba en 2012 el director general Forestal, Pedro Soust. Oficialmente, se contabilizaba entonces un área total de 752.158 hectáreas, de las cuales 500 mil estaban registradas por sus propietarios. El ex director atribuyó el logro a “una excelente labor de fiscalización y control (sic)” impulsada por su dependencia.

La superficie de bosque nativo de la Dirección Forestal varía extrañamente de un año para otro. Así, mientras en el Anuario Agropecuario 2020, elaborado por la Oficina de Estadísticas Agropecuarias (DIEA), figuran 835.349 hectáreas de bosque nativo y se indica que la cifra era de 2016, este mismo año los cálculos a partir de imágenes satelitales elevaban el área de bosque nativo a 1:023.300 hectáreas.

Desde el año 2017 funciona en la órbita del MGAP y el Ministerio de Ambiente el Programa para la Reducción de Emisiones causadas por la Deforestación y la Degradación forestal (REDD+), de la Conferencia de las Partes de la Convención de Cambio Climático, cuyo objetivo es contribuir a la mitigación del cambio climático mediante incentivos para evitar la pérdida de superficie y calidad de los bosques.

Una serie de estudios del Programa REDD+ en Uruguay utilizando Collect Earth han procurado evaluar con mayor precisión el estado del bosque nativo, sus características y sus problemas. Collect Earth es una herramienta de recopilación de datos a través de Google Earth que, junto con Bing Maps y Google Earth Engine, permite a los usuarios analizar imágenes satelitales de alta y muy alta resolución.

Según el “Análisis de los cambios en el bosque nativo de Uruguay en el periodo 2000-2016 en base a Collect Earth” realizado por REDD+ en 2019, el área de bosque nativo se ha reducido levemente a lo largo de ese período. De acuerdo con este estudio, en un área de 1:023.300 hectáreas, sólo un 3,9% registró algún tipo de cambio, de los cuales 2,7% fueron por pérdida o degradación y 1,3% por expansión.

Carlos Faroppa.

Sin embargo, los viejos funcionarios y el actual director de la DGF, Carlos Faroppa, con una larga experiencia en el sector, como ingeniero agrónomo, docente, asesor de empresas e inversores internacionales y dirigente de la Sociedad de Productores Forestales (SPF), no dan cuenta de los estudios recientes y mantienen la retórica de que el bosque nativo ha crecido gracias a la gestión de la ley forestal.

“Afortunadamente, el bosque nativo en Uruguay viene creciendo”, afirmó Leonardo Boragno, encargado de la División Evaluación e Información, en el Parlamento en julio del año pasado. “Nuestro bosque nativo creció 25% en área y madurez, gracias a la Ley Forestal”, reafirmó Carlos Faroppa en la misma instancia al manifestar su rechazo a los cambios propuestos de la Ley Forestal.

Lo que no se controla no existe

La versión oficial de la Dirección Forestal según la cual el bosque nativo ha crecido en superficie y calidad no se compadece con la debilidad de los controles para verificar la aplicación de la normativa en vigor y la pobreza de las sanciones ante las infracciones de la ley. Aquí también, estudios del Programa REDD+ en Uruguay aportan nuevos elementos para conocer las acciones que están afectando al bosque nativo.

Es conocido por todos el alto consumo de leña de especies nativas por la sociedad uruguaya, desde el consumo familiar y las parrilladas hasta otras actividades, pero no existe una información sistematizada al respecto. Un estudio de Opción Consultores proporcionó datos relevantes no solo para analizar el consumo sino también para contrastar con la información disponible de autorizaciones e infracciones.

En primer lugar, el propietario del campo debe tener registrado el bosque nativo a su cargo para asegurar que cumple con los requisitos legales para su preservación y poder contar luego con la autorización de corta y comercialización. En segundo lugar, el transporte de la leña por encima de 1.500 kilogramos también debe contar con autorización y los vehículos deben circular con una guía correspondiente.

Leña de monte.

En resumidas cuentas, de acuerdo con Opción Consultores, el consumo total de leña de bosque nativo oscila entre 420.602 y 755.870 toneladas anuales. La leña de bosque nativo representa entre 37% y 67% del consumo residencial total. A su vez, el consumo de leña de monte de las parrilladas se sitúa entre 41% y 62% del total de los sectores comercial, de servicios y el sector público.

Dentro de ese consumo total se encuentran las infracciones no detectadas y el retiro de leña con corta no autorizada, trasladado en cantidades menores a 1500 kilogramos, cuando esa infracción en predio no es detectada. Ese total incluye también la corta en otras formaciones boscosas en cantidades menores a 1.500 kilos que no es infracción en terreno, por no ser considerado bosque, ni infracción en transporte.

«¿Por qué está lleno de troncos de coronilla en las parrilladas?», preguntó Panario en la mesa redonda. “Porque los pequeños bosquetes, que son fundamentales desde el punto de vista ecológico, no los considera la Dirección Forestal, no son protegidos ni protegibles. Lo que hacen las empresas forestales es cortar los coronillas, venderlos con guía y después arrasar con todo y plantar eucaliptos”, respondió.

A pesar de ser cifras aproximadas, con un rango amplio de variación, contrastadas con las autorizaciones emitidas y las infracciones de transporte detectadas evidencian una altísima evasión. En el escenario de consumo menor, la suma de la leña de bosque nativo cortada sin autorización y las infracciones de transporte no detectadas sería de 69% y en el escenario de consumo mayor llega al 96%.

Consumo total de leña (ton/año)

420.602 588.236 755.870
Origen de la leña (ton/año) Mínimo Intermedio Máximo
Leña de corta autorizada (a) 25.425 78.148 130.872
Leña en infracciones detectadas (b) 3.641 12.222 20.803
Leña en c + d + e (no detectada) 289.730 497.886 726.803
No detectada / Consumo total 69% 85% 96%

Fuente: Proyecto REDD+ Uruguay con base en DGF y Opción Consultores, 2019.

Estos resultados evidencian la necesidad de mejorar la fiscalización de la Dirección Forestal. Desde el proyecto REDD+ se propusieron cambios en la gestión del bosque nativo, un sistema de alerta temprana mediante sensoramiento remoto para detectar alteraciones en el terreno, así como hacer más accesible la información al público y a los investigadores, pero esto no parece estar en la agenda de la DGF.